Iru, Martina y las camas

A ver, en esta casa tenemos un serio problema desde que llegó la pipiola de Martina. Me explico: yo siempre tuve colchones de cuna para estar cómodo; grandes para poder estirarme bien y repanchingarme a gusto. Vamos, que no había probado yo las mieles de las camas redondinas, cálidas y recogidas en las que enroscarse cual ensaimada perruna.
Pués bien, cuándo llegó Martina, le cedí gustosamente (¡ejem, ejem!) uno de mis colchones con forro fresquín para el verano y otro más calentín para el invierno. Pero cómo era muy grande, Juana y Alberto le compraron una camita redonda para que se sintiera mas a gusto. Probar aquello fué mi perdición. Decidí que me gustaba más la cama que la colchoneta. Yo, me enroscaba cómo podía, y me incrustaba allí a presión, cómo si fuera un galgo en lata.
Entonces, ante esta tesitura, compraron otra cama redonda más grandona pensando que esa era la solución, pero Martina no quiso cederme la suya que me gustaba más, y cuándo hacemos la última salida del día, la entrada en casa se convierte en una carrera de obstáculos.
Entramos los dos corriendo cómo locos,derrapando por la cocina para ver quién es el ganador por derecho de ese oscuro objeto de deseo que es para nosotros la cama piquiñina. Después de que la alcanzamos, pueden pasar dos cosas: que Martina ponga las dos patas delanteras dentro y se haga la loca mirando al techo y espere a que yo me retire. A veces, yo también pongo las patas dentro cómo ella, así cómo en un duelo y aguanto hasta que se rinde y me deja la cama pa mi solito. Entonces, y sólo entonces empiezo las maniobras de acoplamiento a la cama, que son harto complicadas. A veces, me queda medio cuerpo fuera... pero después de haber vencido en este duelo psicológico... no dejo yo la cama pequeña ni chiflao.
La otra cosa que puede pasar es que ella corra más que yo y que tome posesión. Cómo ella siente el culo y me mire de frente... entonces estoy perdido del todo. Ya no es tan sutil, y no se hace la loca, no... Me mira fijamente con el culo apalancao dentro cómo diciéndome: "si das un paso más, te doy un ñasco en la nariz que te vas a enterar"; y ante esta peligrosa situación, yo me retiro prudentemente a la otra cama por si acaso.  Esto provocaba muchas risas entre nuestra familia humana, y cómo se percataron de que la situación no se iba a solucionar facilmente tomaron una salomónica decisión: "ni pa ti, ni pa mi". Se aflojaron el bolsillo y nos compraron dos camas de plástico del mismo tamaño, de esas de ponerles un cojín blandito.
Se acabó la diversión. Ahora estamos en igualdad de condiciones y se acabó el conflicto.

4 comentarios:

mayaporni dijo...

Espero que Maya y Abby no vean el catálogo de camas de Iru y Martina, porque si no seguro que nos pedirán una de esas camas de dormir “enroscaos” y al final vamos a acabar durmiendo nosotros en los colchones de bebé de Ikea, jajaja
Tened cuidado de que no prueben nunca uno de esos sofás que masajean, porque si no estáis perdidos!!!

Cuadonga (Lua y Pompeya) dijo...

Anda que no me acabo de reir yo un rato leyéndolo y luego contándolo a Fran. La foto de Iru metido a presión en esa cama es hilarante, parece una anchoa enorme enroscada en la lata. La forma de pelearse por la cama es super elegante, ni un gruñido, ni un aviso... solo miradas fijas que retan al adversario. Que pareja de galgos tan genial.
Molan las camas nuevas, son enormes!!

Peralvin dijo...

Que bueno!!! vaya par de elementos D. Iru y Dª Martina...a mi me parece que por antigüedad tenía que ganar Iru... pero la decisión salomónica es lo más acertado...

Efi (la gata naturalista) dijo...

Je, a mi me gustaba el galgo en lata !

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